24 de mayo de 2013

Comentario conclusivo del curso

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Lau Olmos

Concluimos este ciclo con una nueva forma de hacer las cosas, re-aprendiendo a escuchar, re-aprendiendo a leer y re-aprendiendo a disfrutar. Nos sentirnos como niños disfrutando de la lectura y dibujando lo que nos imaginamos, ilustrando una frase que repica, como campana, en nuestras mentes.

Comparar el transcurso del ciclo con un viaje por el tiempo sería apropiado, como Zweig lo comenta en El misterio de la creación artística nos internamos –como los autores- en la obra, algunas veces como espectadores, otras como directores, y unas más como actores, nos trasladamos viernes a viernes por mentes geniales a lugares reconstruidos de objetos que no sabíamos que conocíamos. Descubrimos nuevas palabras, fáciles de presumir y un tanto más difíciles de recordar.

Con este ejercicio nos conocimos todos, dentro de cada obra leída percibimos lo que nuestro compañero esconde detrás de su risa y su silencio, fue como un psicoanálisis  de mutuo acuerdo, donde todos queríamos externar nuestro pensamiento, todos queríamos ser descubiertos, todos queríamos compartir las palabras que definen tal o cual actitud, compartir lo más humano que hay: la comunicación, un discurso que nos envolvió y que anhelamos envuelva a los demás. Pasamos por angustias, sorpresas, desconcierto, tristezas, suspenso, y confusión sólo para que la catarsis fuese aun mayor. Y lo que me pareció mas laborioso: aterrizar la complejidad de un escenario tan bien pensado por el autor a un papel en blanco, nos convertimos en jefes de reparto, le asignamos al papel un rostro y le llevamos por nuestro departamento de vestuario, le situamos en la locación y el autor nos brinda el dialogo que le da al garabato su sentido de existencia.

Nos llevamos de este ejercicio muchos libros por leer, autores que destacar e ilustraciones para recordar. Experimentamos con la forma de transmitir lo que percibimos a través de diversas técnicas, materiales y estilos. Encontramos una nueva forma de hacer las cosas, de disfrutar y reencontrar el placer por la lectura que, estoy segura, a más de uno nos llevo al Diseño Editorial.

Hija de humo y hueso

Laini Taylor

Un texto que me recordo la historia que Hayao Miyazaki proyecta en el Viaje de Chihiro, con personajes que no parecen ser del todo humanos.

Por otra parte Karou se enfrenta a dos realidades, a través de un portal. Portal que nuevamente trae a mi mente a Hayao Miyazaki, pero en esta ocasión como director de El increible castillo vagabundo (original de Diana Wynne Jones). Y, ¿esto a que va?, retomando el punto que mencione en el comentario de Dibujos de Ciego, trasladamos nuestra vida a imagenes, tomamos prestadas escenas, lugares y personas para interpretar nuevas historias.

En esta entrada quisiera añadir a esta parte de imágenes e ideas la parte del pensamiento y emoción, esto debido a que son los quien tiñe de contexto a las ideas. Podemos encontrar muy solemne el ambiente de subasta al que Karou acude porque el texto así lo transmite y nosotros así le sentimos, en cambio esta parte misteriosa donde las huellas comienzan a aparecer por todas partes nos emociona y aterroriza, puede ser que la emoción tiña lugubremente estas imágenes, pero seguimos viendo...

Finalmente debo agregar que el pensamiento es el que rescata de luz y de oscuridad a estas imágenes, recordemos a Goethe en su faceta como investigador -no como escritor- las imágenes son mitad luz y mitad oscuridad, y si citar a Goethe no es suficiente, amigos diseñadores y aficionados al Photoshop acudamos a la sección de Brillo y contraste y alteremos sus parametros, ¿Qué encontraremos? la oscuridad nos lleva al negro, en la misma medida que la luz al blanco total y en los extremos perdemos el concepto. Lo mismo sucede con el pensamiento evita que la emoción sature de colores nuestras imágenes, las equilibra evitando que nos gane la luz o la oscuridad y perdamos de vista el siguiente capitulo.

Dibujos de ciego

Luis Cardoza y Aragón

El tema que nos trae a la mente este autor es sin duda imágenes e ideas, desde el título del texto podemos pensar en un sentido más profundo que lo denotado ¿Cómo sería el dibujo de un ciego?, mientras nos adentramos en el texto podemos percibir la analogía claramente, es decir, la incertidumbre, un terreno desconocido.

Resulta inevitable abordar el texto a través de las imágenes e ideas ya que con cada frase podemos encontrarlas, va de lo particular, construyendo el universo de la idea. El lenguaje del autor, vasto y retórico nos aporta los elementos básicos para construir este universo de su relato, con nuestras imágenes. Después de todo es nuetsro bagaje icónico-cultural lo que llevamos a nuestra vida y a nuestros sueños. Ilustramos los momentos -reales e imaginarios- con estas imágenes. Recreamos los paisajes con ellas y después de mucho -o tal vez poco- pensar surge una idea, es yo diría la manera en que se concibe una idea: una inseminación de imágenes en la matriz del pensamiento.

Es por ello que una idea tiene forma, tiene forma de imagen, es por ello que las imágenes nos dan ideas. Y en un sentido más extenso podriamos retomar lo denotado del texto, ¿Cómo sería el dibujo de un ciego? ¿A caso sus ideas tienen formas desconocidas? Las imágenes no sólo son visuales, tenemos 4 sentidos más que construyen nuestra percepción, ¿Cómo sería el dibujo de un ciego? el dibujo tal vez nos parezca burdo e incomprensible, ciertamente pisariamos un terreno desconocido. Sin embargo la construcción del ciego en su entorno resultaría palpable en terminos perceptuales, lleno de textura, olor y sonido, es nada menos que una imagen sensorial, probablemente sin forma y color como le conocemos; sin embargo sigue siendo una fuente de creación, esta imagen puede traernos una idea de nuestro entorno, claro esta desde otra perspectiva -una que no vemos, solo sentimos-.

19 de mayo de 2013

El misterio de la creación artística

Stefan Zweig 
El autor nos sugiere la concentración como medio ¿y para que fin? nada menos que lo divino de la creación. Comenzamos preguntandonos qué es lo que sucede en el artista, que con unos pocos colores o unas cuantas notas o palabras, es capaz de generar una obra inmortal. Y al no tener la información precisa de estos procesos creativos, Zweig propone llevar el arte como un simil del crimen y propone al artista como culpable de un crimen pasional. Después de todo, el estado de concentración en el que entra el artista nos remite a lo que actualmente llamamos entrar en flujo, de acuerdo con Daniel Goleman. Este estado en el que toda tu concentración esta destinada a una sola actividad, que parece desarrollarse con rapidez y sin interrupciones, y que el simple hecho de pensar que estamos en flujo, nos saca de él.
Citando los ejemplos de Arquímedes con su gran concentración, resolviendo un problema matemático y al ser interrrumpido por quién fuese su asesino, nos queda claro en que medida puede el creador salir de si mismo para sólo dedicarse a su creación. Lo único que le interesaba a Arquímedes era su problema matemático:  "No alteres mis circulos".
¿Cómo es que el ser humano tiene esa capacidad creativa de generar algo trascendente al tiempo? Trayendonos casos de grandes artistas creadores, con Beethoven quien tenía un cuaderno de ideas, contrario a Mozart quién parecía recibir las melodias como un dictado. Son dos formas distintas de concebir grandes obras. Menciona el autor como es que el proceso de Mozart parece divino y el de Beethoven más humano.
Y cómo aterrizar todas estas anecdotas a nuestra realidad humana, el punto de todo esto es la concentración, en algún punto de la lectura nos habla sobre salirse de sí mismo, olvidar la realidad, nuestro entorno y situarse sobre la del entorno y medio de la creación. Justo habla sobre algo similar Einstein en una frase: 
" Cualquier hombre que pueda conducir con toda seguridad mientras besa a una chica guapa, no está prestando suficientemente atención al beso".
No se trata de generar cantidad sino calidad, es verdad que en nuestro mundo occidental estamos acostumbrados a realizar varias actividades a la vez, como ver la tele y comer al mismo tiempo, o escuchar música y hacer tarea (agreguemosle a esto tararear las canciones), incluso actividades prestablecidas cono ir al cine y comer palomitas. Recuerdo a una profesora mencionar que era peligroso, ya que el cuerpo se preocupaba por sobrevivir, por no ahogarse mientras come, en lugar de prestarle atencion a la pelicula. Contrario a esto tenemos el modo de vida oriental donde uno debe concentrarse totalmente en la actividad que esta desarrollandose, por ejmplo cuando uno hace caligrafía al hacer la tinta sólo se concentra en hacer la tinta, no puede estar oyendo música o platicando con el compañero de banca. Al realizar el ejercicio se concentra en mejorar su trazo, en lo que significa esa escritura, y si llegamos a equivocarnos no hacemos bolita el papel y lo tiramos a la basura, se termina el ejercicio se valoran los errores y se vuelve a hacer desde el inicio totalmente concentrados.
Como podemos notar la concentración en oriente es un estilo de vida, donde cada actividad tiene tiempo y lugar, diferente a occidente donde el tiempo es lo que mas nos falta, no importa cuantas actividades queramos meter en el mismo horario. Este misterio sobre la creación artística tal vez siempre lo sea, podemos atribuirle gran peso a la concentración y otro tanto al talento y dedicación. Sin embargo lo que sucede dentro del artista es algo realmente divino.

18 de mayo de 2013

Flashforward

Robert J. Sawyer

Tenemos ante nosotros una obra contemporanea, llena de artilugios físico-matemáticos, una historia donde se debe prestar atención desde la primera línea, hasta la ultima palabra.
Leer este texto desata inmediatamente un "conocimiento encadenado" donde es preciso tener wikipedia abierta en la computadora y un diccionario en la mano,  comienzas leyendo algun termino en el libro y terminas leyendo sobre teorías físicas en la enciclopedía, y es que después de todo lo que le hace tan interesante a esta lectura es su "realidad" la física, tan tangible, tan precisa; pero, cuando se transforma en metafísica, se vuelve tan incierta como fascinante.

Al relacionar esta lectura con las imágenes e ideas, podría ser conveniente englobarlas en un único resultado, es decir, un texto como este, dirigido por la ciencia ficción, puede maravillarnos de todas las grandes ideas que tiene, fruto de sus creadores y al trasladarlas a algún soporte gráfico, lleno de características físicas como forma, estado, color, etc. todas estas ideas aterrizan, y aún más maravilloso es lo que generan. Y particularmente en el cine, ¿hasta qué punto el cine influye en la vida y la vida influye en el cine? Textos como estos, y varios más de otros escritores de ciencia ficción, como Isaac Asimov, han inspirado a la creación de nuevas tecnologías, hacen pensar que pasar de lo imposible a lo posible sea sólo cuestión de tiempo. Las imágenes de estas ideas generan nuevas realidades en nuestro mundo físico, las ideas que representan esas imágenes son obra de ciencia que pronto (tal vez) deje de ser ficción.

15 de mayo de 2013

Perifrasis

J. Aglae Bautista

Una crítica al arte contemporaneo, una frase que describe a esta obra. Nos encontramos en un periodo histórico donde otorgandonos una cánica sobre un pedestal en una sala de 7 x 7 metros se atreven a insinuar que es arte, donde un discurso extenso -o la ausencia de él- comunica lo que el artista debio expresar de primera intención, unas veces burla, otras veces no. Personalmente me encuentro exacerbada de tanto arte conceptual. Y es la literatura, -esta rama del arte que es considerada la más importante al ser una obra directa entre el artista y su expresión- la que afortunadamente no ha caído en esta moda conceptual. La autora nos trae este texto de cierta forma abarrocado por su expresión rebuscada como crítica a lo contemporaneo. Y quisiera tomar el tema de la educación en el arte desde una perspectiva donde, parece haber una ausencia de ella. Es hasta la preparatoria o universidad donde recibimos una educación del arte, sin embargo otras areas del conocimiento son privadas de ello. Y me parece importante hacer notar que, al ser una compañera quien escribió esta obra de teatro se desemboque de una forma u otra esta educación en el arte, finalmente es forma y contenido lo que construye al arte y es la educación que recibimos la que expresamos ¿Cómo expresar la educación que hemos recibido sobre el arte? La respuesta es manifestandolo en una creación artística. Somos resultado de nuestro medio, somos una obra comunicante andando, lo que hacemos y lo que decimos transmite nuestro contenido y el como lo hacemos define su forma. Por tanto este relato es, en sí mismo, una pieza de la educación en el arte.

Pregúntale a Alicia

Anónimo

Un relato que nos incita a leerle con rapidez, apresurados vamos palabra tras palabra al querer saber que es lo que acontece en el diario de esta joven.
Es la pictórica expresión del autor la que nos remite al tema de imagenes y textos, y esto viene del tema a tratar, es decir, la experiencias a las que se enfrenta la joven toman un aspecto de carácter casí físico al atribuirle forma y color a objetos intangibles. Recordemos que hay imágenes mentales, una imagen puede no ser visible (para todos), la manera en que describe los sucesos toman forma y color en nuestra mente al igual que las drogas lo hacen en la historia de la protagonista, llegando a ser, sí no un equivalente, un estimulante de igual efecto. Gozamos de una creatividad ilimitada, ¿cuantas veces no hemos escuchado que el libro fue mejor que la pelicula? Y me parece que esto se debe a las características que el autor añade a su obra, no es sólo cuestión de dotarle al texto infinidad de detalles, sino de darnos lo necesario para habitar la historia y vivirla en primera fila.

Y aquí esta el link de esta obra
http://ebookbrowse.com/gdoc.php?id=363037380&url=2eaf4ed14645f1373e1404d53bc3b70c

Guillaume Apollinaire

Vida y obra

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Hijo natural de una joven polaca de veintiún años, cuyo padre se decía que era nada menos que camarlengo del Papa, el 26 de agosto de 1880 es dado a luz en Roma un niño cuyo nacimiento no se registra sino cinco días mas tarde, bajo los nombres de Dulcigni Guillaume Albert, conservando su madre el anonimato. El 29 de septiembre su madre, la señorita Angélica de Kostrowitzky, hace bautizar en la iglesia de San Vito, en Roma, a un niño al que hace llamar Guillaume Apollinaire Albert. Y recién el 2 de noviembre del mismo año, ante escribano público, su madre decide reconocer como hijo natural suyo al niño antes llamado Dulcigni dándole los nombres de Guillaume Albert Wladimir Alexandre Apollinaire.

En 1882 la madre de Apollinaire alumbra a un segundo niño: Albert. Y en 1885 su padre, que no es otro que el caballero italiano Francesco Flugi d’Aspermont, de unos cincuenta años, abandona a Angelica de Kostrowitzky, quien se va a vivir a Mónaco con sus dos hijos. En 1889 Guillaume entra al colegio católico Saint-Charles, donde conoce a Rene Dalize, escritor y amigo de la infancia.

No es difícil imaginar la dolorosa huella que todos estos avatares, que no hacían más que comenzar, han de haber dejado en el ánimo infantil del pequeño Guillaume, en una época y en un medio en que tales circunstancias no eran en absoluto lo habitual. Sin embargo, en toda su obra no hay alguna referencia concreta a este asunto o alguna queja contra su padre. Han de tomarse también a cuenta de ello las leyendas que sobre su origen él mismo no se preocupaba en desmentir, como la que lo hacía hijo de un sacerdote italiano, que en realidad no era más que hermano de su padre. Con más que buen humor, una característica de toda su vida, Apollinaire aprende desde joven a burlarse sanamente de sí mismo, de las convenciones sociales o culturales, y también de las penas, aún de las más dolorosas.

Después de trabajar como preceptor de su hija con una rica alemana, la vizcondesa de Milhau, en 1902 se inicia tanto la fecunda actividad literaria de Apollinaire, colaborando en la Revue Blanche, como la serie de sus viajes y sus amores, casi siempre desdichados, el primero de los cuales es la inglesa Annie Playden. En 1903 conoce a Alfred Jarry y a André Salmón, al mismo tiempo que publica su propia revista: Le Festín d'Esope. Y, al año siguiente, continúan las amistades significativas: conoce a Picasso y a Max Jacob. En 1908 se enamora de una joven pintora: Marie Laurencin. Y sus amores y amistades lo llevan a la crítica de arte. Exalta a los nuevos artistas: Matisse, Van Dongen, Picasso, Braque, Dufy, Derain, Vlaminck, entre otros. Conoce al legendario Aduanero Rousseau, quien lo retrata en su famoso cuadro La Musa inspirando al poeta. En mayo de 1909 La Canción del Mal Amado, uno de sus más imborrables poemas, aparece en la revista Mercure de France. Ese mismo año, dos jóvenes editores, los hermanos Briffaut, le encargan dos colecciones de textos libertinos o satíricos. Apollinaire las encara con todo cuidado y atención y, entre otros textos significativos, nace una antología del Marqués de Sade. También publica su primer libro El encantador en putrefacción. El 7 de setiembre de 1911 es arrestado, bajo la acusación de un robo de estatuillas cometido en el Louvre. Pero el mismo día 13 es dejado en libertad. Y el 19 de enero de 1912 el juez reconoce finalmente la inocencia de Apollinaire. En otoño de 1912, Marie Laurencin decide cortar su relación con el poeta. En la primavera de 1913 publica Meditaciones estéticas, primera obra consagrada a los pintores cubistas. Y a fines de abril aparece Alcoholes, uno de sus dos libros mayores de poesía. El 29 de junio se adhiere al movimiento futurista desencadenado en Italia por Marinetti y redacta un agresivo manifiesto: La Antitradición futurista. En julio de 1914 publica en Les Soirées de París —una revista en cuya fundación había participado— algunos de sus primeros caligramas, poemas de experimentación visual, que ya se han vuelto clásicos. El 31 de julio de ese año el gobierno anuncia la movilización general. El 3 de septiembre la ofensiva alemana amenaza París. Rechazado por su nuevo amor, Louise de Coligny-Chatillon, y privado de los recursos que le brindaba el periodismo, en diciembre se enrola para toda la guerra —aunque su nacionalidad no lo obligaba a ello— y se dirige a Nimes, donde es incorporado al 38° regimiento de artillería. A comienzos de abril de 1915 parte hacia el frente, donde pocos días más tarde es ascendido a brigadier. En mayo, por carta, nace un idilio con Madeleine Pagés, una joven francesa residente en Oran (Argelia), con quien había viajado por azar a comienzos de ese año. El 10 de agosto pide la mano de la muchacha, que le es concedida.
El 20 de noviembre, ambicionando un nuevo ascenso, solicita ser trasladado a la infantería, sin duda más peligrosa, logrando el grado de subteniente en el 96° regimiento. El 17 de marzo de 1916, a eso de las 16 horas, en una trinchera de los bosques de Buttes, cerca de Berry-au-Bac, un obús lo hiere en la sien derecha, después de horadar su casco. El 18 de marzo es evacuado y operado a las dos de la mañana. A finales de abril, sus amigos, los editores Briffaut, publican El joven asesinado. El 9 de mayo, transportado a Auteuil, es trepanado por el doctor Baudet. En junio, la revista Cabaret Voltaire que publica en Zurich el grupo iniciador del dadaísmo, incluye un poema de Apollinaire. El 21 de junio de 1917 el poeta Pierre-Albert Birot hace representar en Montmartre Les Mamelles de Tirésias, un drama al que su autor califica utilizando por primera vez el término surrealista. Él 26 de noviembre, se lleva a cabo una importante conferencia sobre el "espíritu nuevo". En enero de 1918, una congestión pulmonar le lleva de vuelta al hospital. En marzo aparece Caligramas, su segundo gran libro de poemas. El 2 de mayo se casa con Jacqueline Kolb, la "linda pelirroja" del poema inolvidable. Los testigos del novio son Picasso y Ambroise Vollard. A comienzos de noviembre contrae la "gripe española", y muere el día 9 de ese mes, a las 17 horas. Cuatro días después, el 13 de noviembre de 1918, es enterrado en el cementerio del Pére Lachaise. Son treinta y siete años de una vida intensa y paradigmática. 



Pareciera como si el destino hubiese querido que la vida de Guillaume Apollinaire luciera como una metáfora o como el profeta del espíritu moderno, muestra en sus palabras y poemas la presencia de una vida cálida y contagiosa llena de anécdotas, amores, revistas, amigos y movimientos, muestra que la literatura no está en absoluto separada de la vida, que la poesía es nada menos que “una manera de vivir”.

Su obra constituye un auténtico fermento de renovaciones estéticas que más tarde, durante el siglo, llegarían a ser encaradas y desarrolladas por el arte moderno, pueden rastrearse ya eficazmente muchas de las características —que luego serían peculiares— de su personalidad y de su obra. En primer lugar, y ya desde la primera página del primer cuento El caminante de Praga, se hacen evidentes la peculiar riqueza y variedad con que el lenguaje, los idiomas del mundo, se cruzaban en él, hijo de madre polaca y padre probablemente italiano, nacido en Roma y afincando en París, auténtico descendiente de Babel.  Esa permanente alusión a la bullente vitalidad de los idiomas europeos, se reitera una y otra vez a lo largo de El Heresiarca y Cía.. En el cuento antes citado. Y en el comienzo de El judío latino. Así como puede leerse en la primera de las Tres Historias sobre Castigos Divinos.

En segundo lugar, asoma aquí ya esa vena de desparpajo y de irreverencia, sutilmente teñida del más sano erotismo que, a las contradicciones de ser hijo y nieto de quien era y educado en un colegio católico, responde con la reducción al absurdo de muchos de los mitos que ya crujían en esa época: desde la infalibilidad pontificia hasta el bautismo antes de la muerte como absolución de todos los pecados, desde el Judío Errante hasta el Abogado del Diablo, desde las herejías por los mil y un motivos posibles hasta las mil y una posibilidades de relación de cristianos y hebreos. Todo ello sometido a la prueba de fuego de una lógica a la vez divertida e inflexible, legítima antecesora del mejor humor negro. Pero también al lirismo del mejor cuño, esa mirada nostálgica que, como bisagra entre dos tiempos, despide melancólicamente al que se va mientras encara ávidamente el futuro. Y, asimismo, se perciben aquí, palpitantes y actuando, muchas de las características que entretejen sin posibilidad alguna de separación de la obra y la vida de Guillaume Apollinaire. Del incesante vagabundeo de país en país y de idioma en idioma que constituyen, tanto su propia ascendencia como la infancia y la juventud que le tocó vivir, y también de su asombrosa capacidad para gozar todo y de todo, intrínseca a su manera solar de ser, y que todavía podía permitirse gozar de la vida sin otra preocupación que hacerlo a gusto, El Heresiarca y Cía. recoge el clima funambulesco, vibrante y abigarrado de los lugares y las gentes con que Apollinaire tuvo que convivir. Un pintoresco panorama de una humanidad que aún puede reír, tener sueños y esperanzas, preocuparse por los pequeños problemas de la sagrada vida cotidiana, beber a la salud de la amada o los amigos, enamorarse locamente y cantar locamente a la belleza.

Aunque, por supuesto, no sólo de eso se trata. Se trazan aquí, también, casi como jugando, buena parte de las direcciones que luego iba a retomar el espíritu contemporáneo. Cuentos tan magistrales y ricos como ¿Qué Vlo-ve? o La desaparición de Honoré Subrac, por no citar sino a los más tocantes, bastan para colocar a su autor en primera línea, en cuanto a creatividad e invención. Sí no fuera que estos cuentos, además, por su clima y por su letra, no vienen sino a conformar también por anticipado, a la manera de auténticos heraldos, lo que luego demostrarían sus dos magnos libros de poesía: Alcoholes y Caligramas. Uno sólo es el espíritu, el sentido y la significación de la obra toda de Apollinaire. Uno sólo es el clima que comparte, el clima que crea y que recrea, en uno y otro género: la exaltación generosa y fecunda de lo viviente, el emocionado homenaje a la gloria de estar vivo, un canto de amor universal exento de toda grandilocuencia y ampulosidad que, no por ser limpiamente general, deja de resultar a la vez específico, peculiar, no menos limpiamente original. Y no menos original y limpiamente encarnado en un lenguaje, hecho evidencia viva y compartible. Hecho belleza y pasión, “razón ardiente”, que en su corta vida nunca llegó a desmentir.



Hay una coherencia tan nítida entre la vida, la conducta y la obra de Apollinaire, con su lirismo, tan cercano y feliz, tan compañero y exigente, que su legítimo resplandor no cesa de alumbrar. ¿Es casual acaso que uno de los astronautas de Solaris, el inteligente filme del joven director soviético Andrei Tarkovsky, basado en la no menos exigente y lúcida novela de ciencia-ficción del polaco Stanislav Lem, un auténtico adelantado del género, incluya entre las pocas cosas que lleva hacia el espacio misterioso un ejemplar de Alcoholes? Pocos textos, pocas palabras, pueden hacernos sentir tan unidos a la Tierra, tan ligados a lo mejor de ella, tan humanamente humanos— valga la redundancia— y tan centrados en la vida, en lo mejor de la vida.


Fuentes de información

Estudio preliminar de Rodolfo Alonso en:
Apollinaire Guillaume. El Heresiarca y Cía. Centro Editor de América Latina, 1982, Buenos Aires.

http://es.wikipedia.org/wiki/Guillaume_Apollinaire